8/01/2015

Carta para mi Mujer

Hola,
¿Qué tal estas? Hace tiempo que pienso en ti. Como sé que me vas leyendo te he escrito esta post-carta.

Hace ya un tiempo, unos dos años, dos meses, 9 días, 21 horas y 43 minutos (aproximadamente) que te noto como cambiada, distante. Es como si hubiese "alguien" más entre nosotros. Quizá son imaginaciones mías pero creo que "algo" ha cambiado entre nosotros.

Recuerdo muchas cosas que me gustaban hacer contigo. Pequeños detalles, insignificantes, que he notado que han cambiado.

Me gustaba cuando ejerciendo de Rey solitario en mi trono podía reflexionar largo y tendido, EN SOLITARIO, sobre el sentido de la vida, la física y la metafísica. Y si tenía alguna buena idea podía llamarte para que me acercases papel discretamente para anotarlas. Ahora tengo al bufón de la corte distrayéndome con malabares con la escombrilla.

Me gustaba cuando haciamos cucharita. Ahora hay tropezones en nuestra cucharita. Y desde que he descubierto que nuestro cabecero tiene un efecto gravitatorio que impide dormir en posicion vertical, la distancia entre nosotros va creciendo (horizontalmente) mes a mes.

Me gustaba cuando cenábamos juntos. Ahora lo hacemos por turnos, de pie en la cocina y corriendo para tener algo en el estómago "Just in case" por si nos tienen de narradores de Contar por Contar, hasta bien entrada la Noche.

Me gustaba cuando podía tomarme un vino contigo sin temor de que sonase el despertador muy pronto recordándome los excesos de la anterior noche.

Me gustaba cuando podía ducharme "en compañía" para ahorrar agua sin que me colgasen esponjas de ballenas en el monomando.

Me gustaba cuando salíamos a pasear, parábamos en la heladería y nos comprábamos aquel batido de chocolate tan rico sin que nos atracasen yonkis  con los ojos inyectados en sangre y necesitados de sus dosis.

Me gustaba cuando vivíamos en libertad y democracia televisiva, pudiendo parlamentar acerca de qué queríamos ver. Y no bajo la dictadura pocoyiense con temor a las represalias si cambiamos el canal furtivamente cuando se quedan fritos en el sofá.

Me gustaba cuando podía organizar ataques improvisados "aquí y ahora" con la caballería, en lugar de tener que programar ataques ninja "con premeditación y alevosía" amparados bajo la oscuridad de la noche.

Me gustaba nuestro pequeño mundo, donde teníamos controlado el equilibrio orden-desorden, sabiendo donde estaba todo, sin tener que revisar lavadoras, altavoces y otros escondrijos para coger las llaves del coche antes de poder salir de casa.

Y ya no te cuento lo que me gustaba salir a cenar, al cine, al teatro o a tomar algo. Tengo vagos recuerdos en mi memoria de que eso molaba. Y molaba bastante.

Pero me queda la esperanza de que los otros que han tenido este "distanciamiento" antes que nosotros, siempre nos han dicho que:

Volverán las quemadas palomitas  
Entre nuestros dientes sus tropezones a insertar
Y otra vez pero con otro tipo de peli 
Jugando por los pasillos nos llamarán.

Recuerdo muchas cosas que me gustaba hacer contigo. Pequeños detalles, insignificantes, que he notado que han cambiado. 

Pero esas cosas que me gustaban hacer contigo, ahora son más divertidas. Y los pequeños detalles, insignificantes, han dejado de serlo. Ahora los pequeños e insignificantes detalles son los que hacen de nuestra vida un lugar más entretenido y curioso donde vivir. Los pequeños detalles, como aquel buzón de delante de casa, que ni te habías percatado que existía, pasan a ser curiosos objetos como lugares donde se esconde el eco.

La vida y el mundo han cobrado sentido ahora que no estamos tú y yo solos.



PD: Gracias por abrirme los ojos. Os quiero.